jueves, 16 de marzo de 2017

EL TRIUNFO DE LA BOLSA

(Una historia del Origen de la Bolsa)

Al estudiar las instituciones económicas, sorprende lo complejas y sofisticadas que son muchas de ellas, sobre todo si nos centramos en el mundo financiero. En este sentido, me gusta recalcar a mis alumnos que dichas instituciones no se generaron de forma espontánea, sino que son el resultado de un proceso gradual en el que, poco a poco y como resultado de distintos factores y circunstancias, fueron constituyéndose tal y como son ahora.

Para ilustrar este razonamiento, me gustaría dedicar esta entrada a explicar cómo se originaron dos instituciones claves de nuestra economía: la Bolsa de valores y las sociedades anónimas. Pero antes de hablar de su nacimiento, detengámonos aunque sea brevemente a explicar ambos conceptos:


Pero... ¿qué pintan aquí este toro y este oso? Tendrás que leer hasta el final del artículo para descubrilo, amigo lector.
Las sociedades anónimas son empresas cuyo capital está dividido en acciones. Una acción es un pequeño título de propiedad de la empresa. Por tanto, los accionistas son los propietarios de las sociedades anónimas. Lo que caracteriza a este tipo de propiedad es que lo normal es que haya un elevado número de accionistas, cada uno de los cuales posee una minúscula parte de la empresa. De ahí el nombre de sociedad "anónima", ya que la importancia relativa de un accionista típico es mínima y su identidad queda sepultada entre el enorme número de accionistas de la sociedad.
Al margen de estas consideraciones, dos son las características que podemos resaltar de las sociedades anónimas:
  • Las sociedades anónimas tienen responsabilidad limitada. Esto significa que la responsabilidad de los accionistas ante cualquier obligación de la empresa se limita al dinero que emplearon para comprar las acciones que poseen. Esto permite llevar a cabo actividades más arriesgadas, puesto que los inversores no arriesgan su riqueza ni su patrimonio.
  • Las acciones se pueden comprar y vender libremente. Al contrario que en otras sociedades, no se necesita la aprobación de otros socios para vender las acciones propias o para dar cabida a nuevos socios en la empresa. Como consecuencia de esta capacidad de dar entrada a nuevos socios, las sociedades anónimas tienen un potencial de crecimiento prácticamente ilimitado, siendo esta la razón de que casi la totalidad de las multinacionales y grandes empresas de capital privado del mundo sean sociedades anónimas.
Estas dos características explican el éxito que alcanzaron las sociedades anónimas tras su nacimiento. Sin embargo, para que dichas características surtieran efecto, especialmente la segunda, era necesario un ámbito en el que pudieran comprarse y venderse fácilmente dichas acciones. Es decir, era necesario un mercado que proporcionara liquidez y oportunidades de compra a los accionistas interesados en vender sus acciones y a los inversores interesados en adquirirlas. Y aquí es donde entra en juego la Bolsa.
La Bolsa es, fundamentalmente, el mercado secundario donde se compran y venden acciones. Se denomina mercado secundario porque lo normal es que en él se intercambien acciones ya existentes (por el contrario, un mercado primario sería aquel en el que se emiten nuevas acciones). Este carácter de ser un mercado en el que se negocian títulos que ya existen lo convierte en una magnífica herramienta para proporcionar liquidez y ganancias a los inversores. La Bolsa es el principal mercado de valores organizado y reglamentado que existe en el mundo.

En su momento, el nacimiento de la Bolsa y de las sociedades anónimas supuso una auténtica innovación financiera, y como tantas otras innovaciones financieras, tuvo lugar en la Holanda de los siglos XVI y XVII. Como ya vimos cuando hablamos de los orígenes de la deuda pública, las instituciones holandesas de la época habían desarrollado un amplio abanico de títulos de deuda pública con los que financiar sus guerras con la corona española: bonos a largo plazo, anualidades perpetuas, préstamos de lotería (con los que los inversores compraban la pequeña probabilidad de percibir un enorme rendimiento), etc. Así, en 1650 había más de 65.000 ciudadanos holandeses que habían invertido su dinero en algún instrumento de deuda con el que contribuir a financiar la lucha por la independencia de los Países Bajos.

Mientras que el desarrollo de los mercados de deuda pública tuvo su origen en las luchas de independencia contra España, el nacimiento de las sociedades anónimas está directamente relacionado con los intentos de los comerciantes holandeses de arrebatar a España y Portugal el control del comercio de especias con Asia. El descubrimiento por parte de Vasco de Gama de la ruta marítima a las Indias Orientales a través del cabo de Buena Esperanza había abierto grandes oportunidades comerciales, pero el viaje no dejaba de ser peligroso, por lo que unir fuerzas parecía una buena opción para los comerciantes holandeses que quisieran emprender esa aventura.


Tal y como explica Niall Ferguson en "El Triunfo del Dinero", en 1600 había en torno a seis compañías operando comercialmente entre los puertos holandeses y las Indias Orientales. Lo normal es que estas "empresas" tuvieran una vida limitada cuyo final se especificaba por adelantado y que solía corresponderse con la duración del viaje concreto proyectado a las Indias. Cuando dicho viaje concluía con éxito, la compañía se disolvía y el capital y los beneficios conseguidos se repartían entre los inversores. Si el viaje no concluía con éxito, ya sea porque una tormenta hundiera las naves o porque estas fueran atacadas por nativos, piratas o flotas de otros países, los inversores perdían el dinero aportado.

Este modelo empresarial no bastaba para crear las bases y fortificaciones que los navíos holandeses necesitaban para resguardarse y abastecerse a lo largo del camino si querían tener opciones de competir con portugueses y españoles en el largo viaje a las Indias, de ahí que los Estados Generales Holandeses (órgano equivalente al Parlamento inglés o las Cortes españolas) propusieran en 1602 la unión de las compañías existentes en una única sociedad: la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, a la que adjudicarían el monopolio del comercio holandés entre el cabo de Buena Esperanza y el estrecho de Magallanes.

domingo, 26 de febrero de 2017

POPEYE EL MARINO Y LA BÚSQUEDA DEL PEZOOZEE PERDIDO


Como le pasa a esos actores que son devorados por la fama del personaje que interpretan (como Bela Lugosi, Anthony Perkins o Mark Hamill), muchos personajes de ficción son víctimas de los estereotipos que se forman en el gran público cuando su imagen se populariza a través del cine y la televisión. Así, personajes como Tarzán, James Bond o Sherlock Holmes se han convertido en iconos que poca relación guardan con las creaciones originales de Edgar Rice Burroughs, Ian Fleming o Arthur Conan Doyle.

Si nos centramos en el mundo del cómic, que como sabrán los lectores habituales de este blog me es especialmente cercano, uno de los ejemplos más paradigmáticos sería el de Popeye el Marino, popular personaje creado por el historietista Elzie Crisler Segar y cuya imagen actual en poco se parece a la que fue desarrollando su creador a lo largo de los nueve años en los que pudo hacerse cargo de su personaje antes de que la muerte lo sorprendiera a la tempranísima edad de 44 años.


Popeye el Marino dibujado por su creador, E.C. Segar

Y es que el entrañable devorador de espinacas que hemos conocido gracias a los dibujos animados poco tiene que ver con el marinero tuerto, malencarado, pendenciero y de malos modales que Segar introdujo como personaje secundario en la serie Thimble Theatre en 1929. La serie, que había nacido diez años antes como homenaje al slapstick norteamericano (género cómico basado en los golpes y la violencia y cuyos máximo referentes sería el cine mudo de Charles Chaplin, Buster Keaton o Harold Lloyd, entre otros) no tardó en verse arrollada por el carisma del nuevo personaje, que se apropió de ella hasta el punto de que sería rebautizada como Thimble Theatre starring Popeye (muchos de los periódicos que la publicaban pasaron a titularla directamente como Popeye the Sailor Man).

En las historietas de Segar, Popeye es un tipo duro, antisocial y violento, aunque también es noble, sentimental e invencible, gracias a su invulnerabilidad y fuerza sobrehumana, que consiguió al frotar una gallina mágica y no comiendo espinacas como posteriormente popularizaron los dibujos animados. El reparto de la serie se completaría con un elenco magistral formado por personajes como el pícaro devorador de hamburguesas J. Wellington Wimpy, la Bruja del Mar, el rey Blozo, Alice la Goon, el ogro Toar o Eugene el Jeep (animalito fantástico creado por Segar y que dio nombre a los coches todoterreno del ejército, un dato que seguro que muchos de vosotros desconocíais), personajes que se unirían a Popeye y a su eterna novia Olive Oyl, presente en la serie desde el comienzo de la misma.

Segar convirtió la serie en un vehículo para hacer una crónica y una crítica social de su época, y habiendo nacido en 1929 no es extraño que la dureza e injusticia de la Gran Depresión estuvieran en su punto de mira. Así, es frecuente que Popeye se enfrente a ricos magnates que han llegado a esa condición por ser mangantes antes que magnates, o que asistamos a la estupidez de los gobernantes y de los propios ciudadanos, a los que Segar no suele retratar de forma muy generosa (así, es normal que muestre a la gente normal como inepta, cobarde o perezosa). La sátira de Segar llega a niveles sublimes, como cuando Popeye, convertido en rey, accede a los deseos de su pueblo de instaurar una república y cambia su corona por un sombrero de copa propio del presidente de una república...
La intachable moral de los gobernantes...

A menudo, quizás para escapar de la dureza de la realidad que criticaba, Segar ambientaba sus historias en países ficticios, como hizo en la historia que vamos a analizar en este artículo. Porque en efecto, no nos hemos olvidado de que este es un blog de economía, por lo que para comprobar cómo un medio como el cómic puede convertirse en un gran vehículo para la crítica social y económica nos detendremos a analizar la primera de las aventuras de Popeye en el país de Nazilia, publicada en forma de tira periódica entre mayo y diciembre de 1931, una época en la que se sentían de forma durísima los estragos de la Gran Depresión y solo se atisbaba oscuridad al final del túnel.

En consonancia con el período en que se publicó, a mitad de la presidencia de Herbert Hoover y en lo más duro de la depresión, Segar no escatima esfuerzos en criticar aspectos como la estupidez y mala fe de los gobernantes y la inutilidad del dinero, al que muestra como algo irreal convertido en poco más que papel mojado. Pero comencemos nuestro repaso por esta clásica historia para que comprobéis por vosotros mismos la capacidad satírica de Segar...

Nuestra historia comienza cuando el rey Blozo, gobernante del reino imaginario de Nazilia, envía dos emisarios para contratar a Popeye como mercenario para tomar parte en la guerra entre Nazilia y el vecino país de Tonsylania. Ambos países comparten una islita en mitad del Océano Pacífico...

viernes, 27 de enero de 2017

POR QUÉ FRACASAN LOS PAÍSES (II). ALGUNOS EJEMPLOS HISTÓRICOS.


Como recordaréis, en nuestra última entrada hicimos un resumen de las principales hipótesis vertidas en el libro "Por Qué Fracasan los Países", de Daron Acemoglu y James A. Robinson. Tal y como dijimos en el artículo, ambos autores se basan en la existencia de distintos tipos de instituciones políticas y económicas para explicar los diferentes grados de desarrollo de los países.

En concreto, Acemoglu y Robinson hablaban de instituciones inclusivas, que reparten el poder entre la sociedad y permiten que cada persona pueda beneficiarse de los frutos de su trabajo, e instituciones extractivas, que restringen el poder a una pequeña élite que se dedica a extraer la riqueza generada por el resto de la sociedad.

También hablábamos de las coyunturas críticas, momentos históricos en los que, dependiendo de la arquitectura institucional de un país y de cómo responda ésta a la coyuntura, dicho país tomará la senda del crecimiento o la del estancamiento.

Todos estos conceptos ya quedaron explicados en el artículo anterior, por lo que no nos detendremos más en ellos. A lo que dedicaremos esta entrada, tal y como anunciamos, es a repasar algunos de los ejemplos históricos más destacados con los que los autores ilustran sus tesis. En efecto, los quince capítulos del libro (más su prefacio) están llenos de ejemplos con los que los autores tratan de justificar sus teorías. Lógicamente, no vamos a detenernos en todos los casos citados en el libro, pero sí que analizaremos dos ejemplos que me parecen especialmente interesantes ya que nos tocan muy de cerca: por qué Inglaterra llegó a ser la nación más próspera de Europa y por qué Estados Unidos tuvo un desarrollo económico mucho mayor que los países latinoamericanos.


DE CÓMO INGLATERRA LLEGÓ A SER LA NACIÓN MÁS PRÓSPERA DE EUROPA.

En 1346, la peste negra llegó a la ciudad portuaria de Tana, en el Mar Negro. La plaga se transmitía a través de las pulgas que parasitaban a las ratas y la trajeron desde China los comerciantes que viajaban por la Ruta de la Seda. Por culpa de los comerciantes genoveses, las ratas y sus pulgas no tardaron en propagar la peste negra por todo el Mediterráneo. Así, a principios de 1347 había alcanzado Constantinopla y en 1348 ya se extendía por Francia, Italia y el norte de África.

El impacto de la peste fue pavoroso. La plaga acababa con en torno al 50% de la población de la zona afectada. Sin embargo, sus consecuencias no acabaron ahí, sino que también tuvo un impacto transformador en los aspectos sociales, políticos y económicos de las sociedades europeas medievales.

A finales del siglo XIV, Europa era una sociedad feudal. La inmensa mayoría de la población estaba formada por "siervos", campesinos que debían trabajar las tierras de un señor feudal sin obtener ninguna remuneración y sujetos a múltiples multas, impuestos y restricciones a su libertad. Por tanto, utilizando la terminología empleada por Acemoglu y Robinson, se trataba de un sistema muy extractivo en el que la riqueza era generada por los siervos y fluía hacia un reducido número de señores feudales.

Sin embargo, la escasez de mano de obra que causó la peste negra sacudió los cimientos del orden feudal en Europa occidental, ya que los campesinos, dándose cuenta de la escasez de siervos y la abundancia de señores, tomaron fuerza para exigir que cambiaran las cosas. Aunque hubo intentos de poner fin a las reclamaciones de los campesinos, estos acabaron viendo mejorar sus condiciones de vida y de trabajo. Estos intentos de impedir la mejora de las condiciones de vida de los campesinos tuvieron más éxito en Europa Oriental. Tras la plaga, los terratenientes feudales habían empezado a adueñarse de grandes extensiones de tierra para ampliar sus posesiones, ya de por sí más extensas que las de sus homólogos ingleses y franceses. Además, las ciudades eran más débiles y estaban menos pobladas que las de Europa Occidental, lo que ofrecía menos posibilidades a los campesinos que quisieran escapar del yugo de los señores feudales. De esta forma, los campesinos vieron recortarse aún más sus libertades, de modo que se habla de una Segunda Servidumbre para designar la situación de los campesinos en la Europa Oriental del siglo XVI.

A pesar de que en 1346, cuando la peste llegó al Mar Negro, había pocas diferencias entre las instituciones políticas y económicas de Europa occidental y oriental, la situación en 1600 era completamente distinta. Esta gran divergencia fue el resultado de una situación en la que las diferencias iniciales eran muy pequeñas: en Europa oriental, los señores tenían más tierras, las ciudades eran más débiles y los campesinos estaban peor organizados. Estas pequeñas diferencias tuvieron una gran importancia cuando tuvo lugar la coyuntura crítica que fue la llegada de la peste negra.


La peste negra no solo fue una plaga que acabó con media población europea, sino que también supuso una coyuntura crítica para las instituciones políticas y económicas.

Del mismo modo, mientras que a finales del siglo XVI había escasas diferencias entre ellos, de los principales estados de Europa occidental fue Inglaterra el que dio el primer paso hacia el crecimiento económico sostenido en el siglo XVII, lo que no deja de ser curioso ya que estados como Francia o España partían de una situación de mayor poder político y económico. Según Acemoglu y Robinson, esto ocurrió porque en Inglaterra se desarrollaron instituciones inclusivas que permitieron el despegue económico del país.

Tal y como señalan los autores, a finales del siglo XVI no había grandes diferencias entre las instituciones de los tres países: los tres estaban gobernados por monarcas absolutos (Isabel I en Inglaterra, Felipe II en España y Enrique III en Francia) y contaban con asambleas de ciudadanos, o más bien de notables, que demandaban más derechos y control sobre la monarquía (el Parlamento en Inglaterra, las Cortes en España y los Estados Generales en Francia). Tanto el Parlamento inglés como las Cortes castellanas eran necesarias para aprobar impuestos, pero la Corona española comenzó a beneficiarse del oro y la plata que llegaban de su vasto imperio americano, lo que le dio más libertad de acción de la que tenía la corona inglesa, que tuvo que hacer más concesiones al Parlamento para conseguir su apoyo. Así, mientras el rey de España monopolizó el comercio con América a través de la Casa de Contratación de Sevilla, el Parlamento inglés impidió que sus reyes monopolizaran del mismo modo el comercio de su país, de forma que se desarrolló un amplio grupo de ricos comerciantes poco vinculados a la Corona. Los comerciantes ingleses no solo no aceptaban el control real, sino que no cesaban de exigir cambios en las instituciones políticas y la restricción de las prerrogativas reales.

La culminación de las luchas institucionales en Inglaterra fue la Revolución Gloriosa de 1688, que suele considerarse el inicio de la moderna democracia parlamentaria inglesa. La Revolución Gloriosa limitó el poder del rey y del ejecutivo y otorgó al Parlamento el poder para determinar las instituciones económicas. Al mismo tiempo, abrió el sistema político a una amplia muestra representativa de la sociedad, que fue capaz de ejercer una influencia sobre la manera de funcionar del Estado mucho mayor que cualquier otra sociedad contemporánea. Se puede decir que se creó el primer conjunto de instituciones políticas inclusivas del mundo.

Así, el gobierno inglés impuso firmemente derechos de propiedad (lo que incluía patentes que proporcionaron un gran estímulo a la innovación), puso fin a los impuestos arbitrarios y abolió los monopolios casi por completo. El Estado inglés protegía la ley y el orden, fomentaba la actividad mercantil y procuraba impulsar la industria nacional. La aplicación de la ley inglesa a todos los ciudadanos no tenía precedente histórico.

Estas bases cambiaron los incentivos para todas las personas y crearon el caldo de cultivo para que tuviera lugar la Revolución Industrial. Por un lado, la Revolución Industrial dependía de que el conocimiento acumulado en Europa durante los siglos pasados cristalizara en una serie de grandes avances tecnológicos, pero por otro lado fue necesaria la existencia de unos mercados inclusivos que crearan oportunidades rentables para los emprendedores, lo que posibilitó que tuvieran lugar esos avances. El elevado nivel de estudios de la población inglesa (comparado con el resto de sociedades de la época, claro está) y el respeto a la propiedad y a las ideas permitió que aparecieran emprendedores con la visión suficiente para emplear las nuevas tecnologías en los negocios y encontrar trabajadores con la habilidad suficiente para utilizarlas.

Los caminos divergentes entre Europa occidental y oriental en los siglos XIV y XV y entre Inglaterra y el resto de Europa occidental en el siglo XVII ilustran la importancia que tienen las pequeñas diferencias institucionales cuando aparecen coyunturas críticas. Una vez que tiene lugar una coyuntura crítica, desigualdades institucionales muy pequeñas pueden activar respuestas muy distintas y dar lugar, con el paso del tiempo, a realidades muy divergentes.


Con el advenimiento de la Revolución Gloriosa, Guillermo de Orange se convirtió en el primer rey parlamentario de la historia.


POR QUÉ ESTADOS UNIDOS TUVO ÉXITO Y AMÉRICA LATINA "FRACASÓ"

Siguiendo con la terminología empleada por Acemoglu y Robinson en su libro, ¿por qué los países de América Latina "fracasaron" mientras que Estados Unidos se convirtió en la primera potencia mundial? Pues según los autores, porque los países de América Latina se constituyeron sobre instituciones extractivas preexistentes mientras que Estados Unidos nació y creció gracias al desarrollo de instituciones inclusivas.

domingo, 8 de enero de 2017

POR QUÉ FRACASAN LOS PAÍSES (I). LA IMPORTANCIA DE LAS INSTITUCIONES


Cuenta la historia que, tras pasar cinco años encarcelado, Fray Luis de León reanudó sus clases en su cátedra de la Universidad de Salamanca con la frase "Decíamos ayer...".
En fin, lejos de mi intención compararme con Fray Luis de León. Después de todo, este blog solo lleva nueve meses en barbecho, no cinco años (ni siquiera mencionaré la distancia sideral entre Fray Luis de León y yo). Pero sí que me gustaría adoptar su filosofía y reanudar mi actividad como si el último artículo se hubiera publicado ayer.

Para retomar el blog, me ha parecido bien hacerlo comentando un libro que leí hace un par de años y cuyas tesis me parecieron muy interesantes. Se trata de la obra "Por qué Fracasan los Países" de Daron Acemoglu y James Robinson. En este libro, los autores examinan las razones por las que, a su juicio, unos países son más prósperos que otros. A lo largo de este artículo, realizaré una síntesis de las principales ideas vertidas por los autores en el texto, esperando que os resulten tan interesantes como me resultaron a mí en su momento.



Según los autores, no debemos buscar las causas por las que unos países son más ricos que otros en la climatología, la geografía o las diferencias culturales. Para Acemoglu y Robinson, la razón está en las instituciones políticas y económicas de cada país.

Antes de continuar, detengámonos un momento en el concepto de institución. Para la escuela institucionalista americana, que se desarrolló en las primeras décadas del siglo XX, las instituciones eran las reglas sociales que afectan y configuran a los individuos. Según los institucionalistas, los instintos son el móvil primario de la actividad humana; la razón complementa y encamina los instintos, que si se repiten van convirtiéndose en hábitos, costumbres y finalmente leyes. Estas instituciones forman el marco en el que se desarrolla la actividad económica.

Thorstein Veblen, el primer gran autor institucionalista, consideraba a la propiedad privada y los métodos de producción como las instituciones más importantes. Según Veblen, en las primeras etapas del desarrollo social los métodos de producción eran muy sencillos y eran conocidos por todos. Sin embargo, cuando el desarrollo tecnológico fue dando lugar a métodos de producción cada vez más complejos, los individuos más astutos, valiéndose del derecho de propiedad, organizaron la producción de forma que percibieran la mayor parte del fruto del trabajo de los demás. De este modo, Veblen llegaba a conclusiones similares a las del propio Karl Marx; sin embargo, alejándose de planteamientos marxistas, Veblen no consideraba relevante la lucha de clases, sino la explotación de toda la sociedad por las instituciones, en especial la propiedad privada.


Thorstein Veblen. Los primeros institucionalistas fueron muy críticos con instituciones como la propiedad privada.

Sin embargo, Daron Acemoglu y James Robinson pertenecen a una rama de economistas institucionalistas mucho más moderna, el neoinstitucionalismo, que no solo integra en su pensamiento muchas de las tesis de la economía neoclásica, la corriente ortodoxa en en el pensamiento económico actual, sino que loa los beneficios de instituciones como los mercados libres y la propiedad privada, como veremos a lo largo de este artículo.

Aceptando las tesis institucionalistas clásicas, Acemoglu y Robinson afirman que cada sociedad funciona gracias a una serie de reglas políticas y económicas creadas y/o impuestas por el Estado y los ciudadanos. Según los autores, el hecho de que unos países sean más ricos que otros se debe a que las instituciones de cada país crean incentivos muy distintos para sus habitantes. Para explicar el funcionamiento de estas instituciones, distinguen entre instituciones políticas y económicas y entre instituciones inclusivas y extractivas.

Las instituciones políticas determinan la capacidad de los ciudadanos de controlar a sus líderes e influir en su comportamiento. De ellas dependerá si los líderes políticos son agentes de los ciudadanos o si son capaces de abusar de su poder en su propio beneficio. Estas instituciones incluyen las constituciones escritas y el régimen jurídico bajo el que se organiza la sociedad, pero también incluyen el poder del Estado para regular y gobernar la sociedad y la capacidad que tienen los distintos grupos sociales para actuar colectivamente en defensa de sus objetivos frente a otros grupos (por ejemplo, un rasgo muy característico de nuestra sociedad es el inmenso poder de los lobbies, mientras que el poder de las organizaciones sociales y sindicales ha perdido muchísima fuerza en las últimas décadas).

  • Las instituciones políticas inclusivas reparten ampliamente el poder entre la sociedad y limitan la capacidad de acción de los gobernantes. Además, ha de existir un mínimo grado de centralización y poder estatal que permita imponer un mínimo nivel de seguridad, ley y orden (por este motivo no puede decirse que un estado fallido como Somalia, en el que el poder está ampliamente repartido, casi de forma pluralista, tenga instituciones políticas inclusivas).
  • Las instituciones políticas extractivas aparecen cuando el reparto del poder es restrictivo y limitado o cuando las instituciones son incapaces de garantizar unos mínimos niveles de seguridad, ley y orden. Con ellas, son frecuentes los abusos de poder y la corrupción.

Las instituciones políticas de un país determinarán bajo qué instituciones económicas se vivirá, y son las instituciones económicas las que dan forma a los incentivos que tienen los ciudadanos para recibir una educación, ahorrar, invertir o innovar. Del comportamiento que muestren los ciudadanos como consecuencia de estos incentivos dependerá la generación de riqueza y el crecimiento de una economía.
  • Las instituciones económicas inclusivas posibilitan y fomentan la participación de la mayoría de las personas en las actividades económicas que mejor aprovechan su talento y sus habilidades. Ofrecen seguridad para la propiedad privada, un sistema jurídico imparcial, servicios públicos que garantizan la igualdad de oportunidades para los ciudadanos y las condiciones idóneas para realizar intercambios y firmar contratos, además de permitir el nacimiento y la entrada de nuevas empresas y que cada persona elija la profesión y la actividad a la que se quiere dedicar. Para Acemoglu y Robinson, garantizar el derecho a la propiedad privada es crucial en el sentido de que solo quienes disfruten de los frutos de su trabajo estarán dispuestos a arriesgar, invertir e innovar (como ya dijimos, en esto se alejan de forma muy significativa de lo que pensaban institucionalistas clásicos como Veblen).
  • Las instituciones económicas extractivas tienen propiedades opuestas a las instituciones inclusivas. Se denominan extractivas porque tienen como objeto extraer rentas y riqueza de una parte de la sociedad (normalmente, la mayoría de la población) para beneficiar a otra parte distinta (normalmente, la élite minoritaria). La existencia de instituciones económicas extractivas ha sido una constante a lo largo de la historia de la humanidad; solo hay que recordar los tres estamentos en los que se dividía la sociedad en época anterior a la Revolución Francesa (clero, nobleza y tercer estado o pueblo llano) y cómo la actividad socioeconómica estaba encaminada a que los dos primeros estamentos se enriquecieran a costa de explotar al tercero. Aunque esto no siempre es así, como luego veremos, lo normal es que cuando las instituciones políticas sea extractivas, los gobernantes puedan establecer instituciones económicas extractivas para enriquecerse y aumentar su poder a costa del resto de la sociedad.


domingo, 3 de abril de 2016

PATRÓN EURO

Aunque hemos hablado del euro a menudo, un aspecto que nunca hemos mencionado son las similitudes que guarda con un sistema monetario empleado en el pasado: el patrón oro. En efecto, fundamentalmente a través de las consecuencias que tiene para los países que lo integran, el euro es una especie de actualización del patrón oro que rigió el sistema monetario internacional durante buena parte de los siglos XIX y XX.
El patrón oro era un sistema monetario por el que el valor de cada unidad monetaria se fijaba en términos de una determinada cantidad de oro. En este sistema, el banco central se comprometía a canjear los billetes que emitía por la cantidad de oro a la que equivalían. De ahí que los billetes antiguos incluyeran la leyenda “El Banco XXX pagará al portador…”, porque quien tuviera un billete tenía el derecho de acudir al banco central a reclamar la cantidad de oro que representaba ese billete.

El nacimiento del sistema monetario del patrón oro está muy relacionado con el del sistema de reserva fraccionaria del que hablábamos en nuestra última entrada. Como recordaréis, los billetes nacieron como los resguardos que emitían los orfebres para certificar que alguien había depositado una cantidad de oro en sus cajas de seguridad. Pronto, estos resguardos se aceptaron como medio de pago y dieron lugar a los billetes que hoy conocemos.
Cuando los orfebres cayeron en la cuenta de que los dueños del oro nunca acudían a retirarlo al mismo tiempo, comenzaron a prestarlo y a emitir más billetes que el oro que custodiaban. Aunque esto permitió una gran expansión del comercio y de la economía, también trajo una importante inestabilidad. Precisamente para acabar con esta inestabilidad, evitando que se emitiera dinero alegremente sin un respaldo real, se concedió el monopolio de la emisión de moneda a determinados bancos, los bancos centrales, y nació el patrón oro.
Tal y como se pretendía, el patrón oro aportó una gran estabilidad al comercio y al sistema financiero internacional y prácticamente acabó con la inflación. En la medida en que la inflación es un fenómeno monetario, si se impide el crecimiento arbitrario de la cantidad de moneda en circulación se estará eliminando una de las principales causas de la inflación. Este dato es importante, puesto que explica por qué el patrón oro es tan defendido por escuelas que dan una gran importancia al valor de la moneda y la lucha contra la inflación, como la escuela austríaca. Además, las escuelas ultraliberales defienden el patrón oro ya que la posibilidad de que el Estado pueda devaluar arbitrariamente su moneda les parece un atentado intolerable contra la libertad del individuo.
Pero el patrón oro también tenía sus inconvenientes, y la estabilidad que proporcionaba al sistema también se convertía en rigidez. Un relato maravilloso de las turbulencias que supuso la vuelta al patrón oro tras la Primera Guerra Mundial es el que realiza Liaquat Ahamed en Los Señores de las Finanzas, un libro que os recomiendo encarecidamente.

Por supuesto, podríamos escribir libros enteros sobre la historia del patrón oro y su funcionamiento, pero lo que nos interesa para compararlo con el euro es su efecto “disciplinario” sobre las economías. Expliquemos este aspecto con un ejemplo y veamos sus similitudes con la situación actual en la zona euro:
Supongamos la fabricación de máquinas de coser en la Europa de finales del XIX. Si Alemania es más eficiente y fabrica máquinas de coser más baratas que Inglaterra, lo normal en un mercado abierto es que los ingleses comprasen máquinas de coser alemanas con sus libras esterlinas. Como la libra está respaldada por oro, si los ingleses compran a los alemanes, en última instancia están pagándoles con las reservas de oro del Banco de Inglaterra.
Si extendemos el ejemplo de las máquinas de coser a la práctica totalidad de los bienes producidos por una economía, si Alemania es más eficiente que Inglaterra y los ingleses compran los bienes alemanes por ser más baratos, esto acabaría llevando al agotamiento de las reservas de oro británicas. En este contexto, la economía británica tendría que endeudarse en el exterior para sobrevivir, pero esta solución solo sería temporal, hasta que los acreedores cobren conciencia de la situación y dejen de prestar o exijan unos intereses prohibitivos. Por tanto, a largo plazo la única solución para Inglaterra sería aumentar su competitividad para producir más barato que Alemania y conseguir aumentar sus reservas de oro.
La forma ideal de aumentar la competitividad sería mejorar los procesos productivos y la dotación de bienes de capital e infraestructuras, pero hay un método más sencillo e inmediato: recortar salarios, y ese era el método que solía seguirse.
¿Os resulta familiar esta situación? ¿No os recuerda a algo?

lunes, 30 de noviembre de 2015

EL SISTEMA DE RESERVA FRACCIONARIA Y LA CREACIÓN DE DINERO BANCARIO


Una de las características fundamentales de nuestro sistema financiero es la capacidad que tienen los  bancos para crear dinero. En efecto, los bancos tienen el poder de crear dinero, un dinero que recibe la denominación de dinero bancario. Aunque son los bancos centrales los que tienen el monopolio de la creación de dinero, lo cierto es que la mayor parte del dinero que circula por la economía ha sido creado por los bancos.

La gente corriente no es consciente de hasta dónde llega esta capacidad de los bancos para crear dinero de la nada (de hecho, es de las cosas que más sorprenden a los alumnos cuando las explicas en clase), así que dedicaremos una pequeña entrada a explicar la creación de dinero bancario y el sistema de reserva fraccionaria, que es el que hace posible dicha creación de dinero.

Pero para explicar el sistema de reserva fraccionaria es preciso explicar cómo se originaron los bancos. Como tantas otras cosas en la economía, los bancos surgieron de forma natural (o si queréis, accidentalmente), sin que mediara ningún plan perfectamente orquestado por una instancia superior. En un principio, nacieron a partir de la actividad de los orfebres. Como estos manejaban materiales muy valiosos, contaban con cajas de seguridad para dificultar que fueran asaltados por ladrones.


Los primeros banqueros fueron los orfebres que custodiaban los depósitos de sus clientes

Con el tiempo, como a menudo les sobraba espacio en sus cajas fuertes, los orfebres alquilaron el uso de las mismas a aquellas personas que también quisieran proteger sus joyas o monedas de oro. Como comprobante de que tenían oro guardado en la caja de seguridad del orfebre, los depositantes recibían un documento o resguardo que así lo certificaba. Como pagar con oro era engorroso y acarreaba muchas molestias, estos resguardos comenzaron a ser aceptados como medio de pago, y así es como nacieron los billetes que hoy conocemos. En un principio, por tanto, cada banco emitía sus propios billetes, y a partir de ahora hablaremos de bancos y no de orfebres porque la actividad bancaria no tardó en superar en volumen e importancia a la orfebrería. Solo cuando cada estado concedió el monopolio de emisión de moneda a un determinado banco nacieron los bancos centrales tal y como los conocemos.

Pero lo que a nosotros nos interesa es otra cosa. Al mismo tiempo que se extendía el uso de los billetes como medio de pago en sustitución del oro, los banqueros se dieron cuenta de que no tenían por qué mantener en sus cajas fuertes todo el oro que recibían en depósito. Como era poco probable que todos los depositantes reclamasen su oro al mismo tiempo, podían prestar una parte (por el que obtenían una jugosa rentabilidad) y mantener como reserva tan solo una fracción del mismo. De ahí viene el nombre de sistema de reserva fraccionaria que recibe nuestro sistema bancario.

Como os podéis imaginar, este sistema permitió una gran expansión de la economía, pues se facilitaba el crédito y la financiación de la inversión, pero también trajo inestabilidad financiera, ya que bastaba con que los clientes de un banco desconfiaran de que este pudiese devolverles el dinero de sus depósitos para que se generase un pánico bancario y, efectivamente, el banco fuese incapaz de devolverles su dinero.

Para evitar esta inestabilidad nacieron los bancos centrales. Por un lado, los bancos centrales eran "prestamistas de último recurso", de modo que si un banco era víctima de una oleada de pánico bancario contase con una entidad a la que recurrir para solicitar ayuda.


La necesidad de prevenir los pánicos bancarios estuvo en el origen de los bancos centrales.

Pero los bancos centrales también ejercían labores de supervisión del sistema bancario. Dentro de esta labor de se encuadra el establecimiento de un coeficiente de cajaComo ya dijimos en otra entrada, el coeficiente de caja es el porcentaje de sus depósitos totales que los bancos deben mantener en una cuenta abierta en el banco central. El banco central obliga a mantener este coeficiente para que los bancos puedan hacer frente a las retiradas de efectivo de sus clientes. Pero lo que a nosotros nos interesa es que el coeficiente de caja determina de forma directa la capacidad que tienen los bancos para crear dinero bancario.

Para comprobarlo, vamos a imaginar el caso de un sistema bancario con un coeficiente de caja del 10% y un individuo que deposita 1.000 € en su banco:

  • Un individuo A deposita 1.000 € en el banco X. Como hay un coeficiente de caja del 10%, el banco X deposita 100 € en su cuenta del banco central y presta los 900 € restantes a otro individuo AA, que los utiliza para comprar algo al individuo B.
  • El individuo B deposita sus 900 € en el banco Y. El banco Y deposita 90 € en el banco central cumpliendo con su coeficiente de caja y presta los 810 € restantes a otro individuo BB, que los utiliza para pagarle una deuda al individuo C.
  • El individuo C deposita sus 810 € en el banco Z. En cumplimiento del coeficiente de caja, el banco Z deposita 81 € en el banco central y presta los 729 € restantes al individuo CC, que los utiliza para comprar algo al individuo D.
Como vemos, en solo tres pasos, el sistema de reserva fraccionaria ha creado 2.710 € a partir de una cantidad inicial de 1.000 €. En un principio, el individuo A contaba con 1.000 €. Al finalizar los tres pasos, el individuo A sigue contando con 1.000 €, pero al mismo tiempo, el individuo B tiene 900 € y el individuo C cuenta con 810 €.

Por no eternizar el ejemplo, nos hemos centrado en los tres primeros pasos, pero los bancos podrían seguir creando dinero bancario mientras les quede dinero que seguir prestando a otros clientes después de satisfacer la exigencia del coeficiente de caja.

Lógicamente, los bancos podrán crear más dinero cuanto menor sea el coeficiente de caja exigido por el banco central. Aunque no lo desarrollaremos por no añadir complejidad a nuestra entrada, aplicando la fórmula de una progresión geométrica se puede deducir que la cantidad total de dinero bancario que se puede crear es igual al cociente entre el dinero de curso legal y el coeficiente de caja expresado en tanto por uno. Si aplicamos esa fórmula a nuestro ejemplo, llegamos a la conclusión de que a partir de los 1.000 € iniciales del individuo A se podría generar una cantidad final de 10.000 € en la economía.

Por supuesto, esta fórmula solo sería exacta si los individuos mantuviesen todo el dinero en el banco. Si las personas tienen mucho dinero en efectivo, los bancos contarán con menos dinero para prestar a otros clientes y la creación de dinero bancario será menor. Obviamente, la creación de dinero bancario es un gran negocio para los bancos, de ahí que estén tan interesados en que realicemos la mayor parte de nuestras operaciones a través de las cuentas bancarias (y de ahí su ansia en que domiciliemos los recibos, cobremos nuestra nómina a través del banco, paguemos con tarjeta, etc.).

Por otro lado, si la creación de dinero bancario del ejemplo os ha sorprendido, tened en cuenta que el coeficiente de caja impuesto por el BCE está en el 1%, es decir... ¡los bancos crean dinero con el 99% de nuestros depósitos!

El sistema de reserva fraccionaria es muy criticado por muchos economistas. Las principales críticas se centran en la inestabilidad que genera en el sistema. Tengamos en cuenta que los bancos crean dinero al conceder préstamos, por lo que la creación de esas montañas de dinero descansan sobre la creación de montañas de deuda, lo que siempre genera riesgos. Los más críticos son los economistas de la escuela austriaca, que llegan a pedir el establecimiento de un coeficiente de caja del 100%, es decir, que los bancos no puedan prestar nada del dinero que depositan sus clientes.

Por mi parte, no soy tan extremista. Creo en elevar el coeficiente de caja, pero los principales problemas de la banca me parece que están en otros aspectos, como la falta de transparencia, la importancia de la banca en la sombra, la falta de restricciones a su actividad desenfrenada, el enorme grado de financiarización de la economía, etc.

¿Y vosotros? ¿qué pensáis del sistema de reserva fraccionaria?



¿Alguien sabe para qué quieren crear tanto dinero los bancos?

sábado, 31 de octubre de 2015

NUFF SAID!!!!

Pese a la abundancia de números y fórmulas, la economía es una ciencia muy inexacta. Como el fútbol. Y dominada por el forofismo, como el fútbol. Y sobre la que, igual que ocurre en el fútbol, puede opinar cualquier indocumentado.
Enric González, periodista. 

martes, 29 de septiembre de 2015

EL CRECIMIENTO DE LA EMPRESA


En muchos sentidos, las empresas son como los seres vivos. Como nosotros, son sujetos de derechos y obligaciones: pueden reclamar el amparo de la Justicia y pueden ser denunciadas ante la Ley (después de todo, son personas, aunque eso sí, personas jurídicas), y como todos los seres vivos, nacen, crecen, se reproducen y, al final, mueren. Sin embargo, una empresa no deja de ser un ente particular si lo comparamos con los seres vivos, así que las formas que tiene de crecer son también propias y particulares. Precisamente vamos a dedicar este artículo a analizarlas detenidamente para así conocer mejor a este agente económico esencial de nuestra economía.

Digamos en primer lugar que cuando hablamos de crecimiento de la empresa hablamos del aumento de su capacidad productiva. Esto puede conseguirse añadiendo nuevas instalaciones o aumentando el tamaño de las ya existentes, pero no es imprescindible. También puede conseguirse (e incluso es deseable) aumentando la productividad y eficiencia de la empresa.

Digamos en segundo lugar que el crecimiento no es una opción para la empresa. Actualmente, los mercados se encuentran en constante evolución y son una fuente de retos y oportunidades para la empresa. Gran parte de estos retos se relacionan con la globalización y la búsqueda de la dimensión adecuada para atender mercados cada vez más amplios y competitivos. En este contexto, crecer es una cuestión de supervivencia frente a la competencia y los retos externos.

No solo se crece para evitar los peligros de la competencia. Crecer es también beneficioso para la empresa, ya que se generan economías de escala. En Economía, se denominan economías de escala a la disminución de los costes unitarios de producción a medida que crece la empresa. Estas economías de escala aparecen por varios motivos:

  1. Desde un punto de vista productivo, crecer permite aprovechar mejor las ventajas de la división del trabajo y la especialización, así como un mayor grado de automatización y mecanización, con el consiguiente aumento de la productividad.
  2. Desde un punto de vista financiero, una gran empresa tiene acceso a más fórmulas de financiación que las pequeñas empresas, como las emisiones de bonos o las ampliaciones de capital. Además, su mayor tamaño les permite obtener mejores condiciones de las entidades financieras.
  3. Desde un punto de vista comercial, una gran empresa puede conseguir mejores precios de sus proveedores dado su poder y su mayor volumen de compra. Además, las grandes empresas disponen de más recursos para invertir en campañas de promoción y publicidad e investigación de mercados, de manera que están más preparadas para conocer las tendencias de la demanda y responder a ellas.

Una vez aclarado el carácter necesario del crecimiento y sus ventajas, analicemos las distintas modalidades de crecimiento por las que puede optar la empresa, que tenéis representadas en este esquema:



lunes, 31 de agosto de 2015

LOS ORÍGENES DE LA DEUDA PÚBLICA


A principios del verano publiqué un artículo bastante extenso en el que hacía un repaso a los aspectos que me parecían más relevantes de la deuda pública. Uno de los aspectos que pensaba tratar era el origen de la deuda pública; sin embargo, tras finalizar el artículo me pareció que el segmento dedicado a revisar los orígenes de la deuda no encajaban bien con el resto del artículo, por lo que opté por suprimirlo. Como no quiero que se quede sin publicar, aquí lo tenéis.

Como tantas otras cosas, los mercados de bonos tuvieron unos comienzos modestos. Como menciona Niall Ferguson en su libro "El Triunfo del Dinero", los mercados de deuda pública nacieron en las ciudades estado del norte de Italia durante la Baja Edad Media y el Renacimiento. Así, la ciudad de Venecia desarrolló un sistema de deuda pública a finales del siglo XII. Por supuesto, este sistema tenía sus particularidades: los ciudadanos que tuvieran un determinado nivel de renta se veían obligados a comprar los títulos de deuda emitidos por la ciudad. A  pesar de ser una imposición del Estado, esta obligación se diferenciaba de los impuestos en dos aspectos cruciales: al finalizar la vida del título recuperarían el dinero que se vieron obligados a prestar y durante la vida del mismo recibirían unos intereses. Puesto que estos "préstamos" eran obligatorios, no se podía hablar en sentido estricto de usura, por lo que eran permitidos por la Iglesia.

Además, existía un dinámico mercado secundario en el que los poseedores de bonos podían venderlos a cambio de dinero en efectivo antes de su vencimiento (como ya vimos en esta entrada, son los mercados secundarios los que en última instancia determinan la demanda y el éxito de las emisiones de bonos). De este modo, los venecianos generaron auténticas "montañas" de deuda para financiar sus guerras: así, el volumen de deuda consolidada o deuda a largo plazo con la que se financiaron las guerras libradas con Génova y otros rivales en el siglo XIV se denominó "monte vecchio", mientras que para financiar sus guerras con el Imperio Turco en el siglo XV se creó el "monte nuovo" (en concreto, los inversores del monte nuovo percibían un interés anual del 5% pagado dos veces al año con lo que se recaudaba a partir de los impuestos indirectos de la ciudad).

Venecia, cuna del comercio, de los mercaderes... y de los mercados de deuda pública.
También podemos encontrar un desarrollado sistema de deuda pública muy similar al veneciano en la Florencia de los siglos XIII al XV: a comienzos del siglo XIV, las dos terceras partes de las familias florentinas contribuían a financiar la deuda pública de la ciudad, aunque el grueso de los títulos estuvieran en poder de unos cuantos miles de individuos ricos. Precisamente una de las razones por las que este sistema de deuda pública funcionó tan bien en ciudades como Venecia y Florencia es porque las mismas familias que financiaban con la compra de deuda la actividad de la ciudad controlaban también el gobierno de la misma. Dicho de otra forma: las personas que emitían bonos eran en gran medida las mismas que los compraban. Lógicamente, tenían un gran interés en que su dinero se emplease de la mejor forma posible.

Esta circunstancia contrasta con la situación de la corona española. Mientras que incumplir el pago de la deuda para los gobernantes florentinos era perjudicar sus propios intereses, los monarcas hereditarios podían renegar de sus compromisos de pago sin que se les pudieran pedir cuentas (más allá de la dificultad de encontrar nuevos prestamistas, claro). Ya vimos en esta entrada cómo los monarcas españoles recurrieron a los mercados de deuda para financiar sus guerras, pero en vez de generar un rico mercado interno en cuyo funcionamiento y éxito se implicasen las élites españolas recurrieron a banqueros genoveses para la emisión y comercialización de juros.

De hecho, gran parte de las dificultades financieras que tuvo que afrontar España se debieron a la necesidad de sofocar las continuas rebeliones en los Países Bajos. Mientras que el peso de la deuda y los impuestos agotaron el potencial de la economía española, las pujantes instituciones holandesas, sostenidas por un gran número de comerciantes para los que era vital la libertad de su país, desarrollaron un amplio abanico de títulos de deuda pública con los que financiar su rebelión: títulos a largo plazo, anualidades vitalicias y perpetuas, préstamos de lotería (por los que los inversores compraban la pequeña probabilidad de percibir un enorme rendimiento, etc.). En 1650 había más de 65.000 ciudadanos holandeses que habían invertido su capital en alguno de esos instrumentos de deuda y contribuían a financiar la lucha por la independencia de Holanda.

Los mercados de deuda pública siguieron desarrollándose y, aunque los libros de Historia no les prestan la atención que merecen, fueron fundamentales en la resolución de guerras tan importantes como las guerras napoleónicas, la Guerra de Secesión de Estados Unidos o la Primera Guerra Mundial. En esta última, además, tuvo lugar un proceso fundamental: la democratización de la deuda pública, puesto que los bonos dejaron de venderse únicamente a las clases adineradas. Todos los países beligerantes vendieron bonos de guerra a miles de pequeños ahorradores que hasta entonces jamás habían comprado bonos del Estado convenciéndoles de que era su deber patriótico hacerlo. De hecho, un factor fundamental en la derrota de Alemania fue que no tuvo acceso al mercado de bonos internacional mientras que los aliados pudieron vender bonos en Estados Unidos y en todos los territorios del Imperio Británico. A partir de entonces, la venta de bonos a los pequeños ahorradores y las clases medias adquirió un carácter fundamental.


Una muestra de la popularización del mercado de bonos:
¡el mismísimo Capitán América anunció la venta de bonos de guerra antes de liderar los Vengadores!

jueves, 2 de julio de 2015

HACIENDO LA DECLARACIÓN DE LA RENTA


Si no me fallan las cuentas, hace poco que terminó el plazo para presentar la Declaración de la Renta correspondiente al ejercicio 2014. Muchos de vosotros ya la habréis presentado un buen montón de veces, alegrándoos como si vuestro equipo ganase la liga si os sale a devolver y acordándoos de la familia del ministro de Hacienda cuando os sale a pagar. Aunque la mayoría ya sabéis por qué hay que calcular y presentar la declaración de la renta todos los años, vamos a dedicar esta entrada a desglosarla en sus componentes más importantes para que entendáis cómo se calcula un impuesto tan importante en nuestro sistema fiscal como el IRPF.

El impuesto de la renta es el impuesto más importante en la mayoría de los sistemas fiscales. En España, se denomina Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas y solemos referirnos a él por sus siglas, IRPF. Para que veáis que no exagero al decir que es el impuesto más importante de nuestro sistema tributario, baste recordar el dato que aportamos en una antigua entrada, según el cual el 42% del dinero que recaudó la Agencia Tributaria española en 2012 se debió al IRPF (le seguía el IVA con un 30% de la recaudación).

Como su nombre indica, el IRPF grava la obtención de cualquier tipo de renta por parte de los ciudadanos del país. Solo se aplica a las personas físicas, puesto que ya hay otro impuesto, el Impuesto de Sociedades, que grava los beneficios obtenidos por empresas y otras personas jurídicas. El IRPF es un impuesto directo, es decir, recae directamente sobre los contribuyentes, que tendrán que liquidar con la Agencia Tributaria el pago del impuesto (por el contrario, los impuestos indirectos, cuyo ejemplo más representativo es el IVA, no recaen directamente sobre el contribuyente, sino que gravan el consumo de bienes y servicios y se repercuten en el precio de venta de dichos bienes).

Al recaer directamente sobre los contribuyentes, el IRPF permite tener en cuenta las circunstancias personales y familiares de los ciudadanos que están obligados a pagarlo. En este sentido, una de las características más importantes del IRPF es que se trata de un impuesto progresivo, es decir, que las personas que ganen más renta tendrán que pagar una parte proporcionalmente mayor de la misma. La progresividad es básica para la justicia y equidad del sistema tributario e imprescindible para garantizar la solidaridad, de modo que quien más tenga más contribuya al sostenimiento de la sociedad y el bienestar de los demás. En el siguiente gráfico podemos ver los tipos que se aplican en el IRPF desde el 1 de julio de 2016:



Como se aprecia en la gráfica, no todas las rentas tributan del mismo modo en el IRPF. Los ingresos obtenidos por los contribuyentes se pueden clasificar en tres grandes grupos:
  1. Rendimientos del trabajo y/o de actividades económicas: salarios de los trabajadores, rendimientos de profesionales independientes, rendimientos derivados de la propiedad industrial o intelectual.
  2. Rendimientos del capital mobiliario: dividendos e intereses, plusvalías en la venta de acciones y otros activos financieros, etc.
  3. Rendimientos del capital inmobiliario: alquileres, beneficios obtenidos por la venta de viviendas u otros inmuebles, etc.
Todos los ingresos tributan a los tipos generales a excepción de los rendimientos del capital mobiliario, que tributan a un tipo especial para las rentas del ahorro. En concreto, se consideran rentas del ahorro los rendimientos obtenidos por la cesión a terceros de capitales propios (intereses de cuentas y préstamos), los rendimientos obtenidos por la participación en los fondos propios de cualquier entidad (dividendos, primas de asistencia a juntas de accionistas o propietarios, participaciones en los beneficios), rentas derivadas de la transmisión o amortización de bonos y pagarés y rendimientos procedentes de operaciones de capitalización (fondos de inversión, fondos de pensiones) y contratos de seguro de vida o invalidez.

Como se observa en el gráfico, las rentas del ahorro tributan a tipos mucho más bajos que las demás rentas. Esto es una decisión política del gobierno, que ha decidido bonificar este tipo de rentas para fomentar el ahorro. Sin embargo, dicha decisión atenta contra la progresividad intrínseca del impuesto, ya que las personas que tienen más capacidad de ahorro se benefician de unos tipos mejores que aquellos que solo pueden vivir de su trabajo, que suelen ser personas más humildes.

Esta circunstancia es una constante en la estructura del IRPF, ya que su carácter personal lo convierte en un instrumento importantísimo para influir en el comportamiento de los ciudadanos y conseguir diversos fines. Cuando al gobierno le interesa que se lleven a cabo diferentes actividades o se pongan en práctica determinadas actitudes lo puede conseguir bonificando o gravando aún más el pago del IRPF. Esto se consigue a través de instrumentos como las exenciones, las reducciones y las deducciones, a los que haremos referencia a lo largo de la entrada. Por ejemplo, los distintos gobiernos españoles han promovido la compra y alquiler de viviendas, la contratación de fondos de pensiones privados o incluso la matriculación en centros educativos privados a través de bonificaciones del IRPF, una serie de actividades que tienen poco que ver con la progresividad del impuesto (las personas que pueden llevar a cabo todas esas operaciones y beneficiarse de esas bonificaciones suelen tener un nivel de renta medio-alto).

La progresividad del IRPF lo convierte también en uno de los estabilizadores automáticos más importantes de la economía. ¿Y qué son los estabilizadores automáticos? Pues son partidas de gasto e ingreso público que se activan automáticamente con las oscilaciones de la actividad económica y contribuyen a suavizar los efectos de los ciclos económicos:
  • en períodos de crecimiento económico se crean empresas y crecen el empleo y los salarios. Todo ello hace que el Estado recaude más impuestos y gaste menos en partidas sociales como las prestaciones de desempleo. El Estado reduce su déficit mientras que los impuestos, al retirar gran parte de la renta generada, ayudan a contener la expansión de la actividad económica y a "estabilizar" el ciclo económico.
  • En períodos de crisis, caen las rentas y aumenta el desempleo. En esta situación, cae la recaudación al reducirse los ingresos por impuestos y aumenta el gasto social al dispararse las prestaciones por desempleo y otras ayudas sociales. De este modo, el Estado incurre en déficit público mientras que el gasto social amortigua el impacto económico de la crisis.
Como hemos dicho, de entre los impuestos, el IRPF es uno de los estabilizadores automáticos más importantes gracias a su progresividad. A medida que aumenta el nivel de actividad y crece la renta, la recaudación impositiva vía IRPF aumentará más que proporcionalmente, ya que a mayor nivel de ingresos se dedicará un mayor porcentaje de renta al pago del impuesto.



El contribuyente realiza la Declaración de la Renta una vez al año (en los meses de mayo y junio en España), pero el impuesto se va pagando a lo largo de todo el año. Cada vez que una empresa paga un salario a un trabajador o profesional contratado, le paga parte de ese salario a la Agencia Tributaria, y lo mismo ocurre con los intereses pagados por las entidades financieras o los dividendos pagados por las sociedades anónimas a sus accionistas, por poner dos ejemplos. Estas cantidades "retenidas" a sus beneficiarios se denominan retenciones, y son los ingresos mensuales que recibe la Agencia Tributaria a cuenta del IRPF.

Sin embargo, en un impuesto tan complejo como el IRPF es prácticamente imposible que las retenciones practicadas a lo largo del año coincidan con la cantidad que efectivamente deba pagar el contribuyente según sus circunstancias personales: la empresa o el agente que retiene no conoce dichas circunstancias, el salario percibido puede variar a lo largo del año y hacer que la obligación tributaria sea otra, etc. Por eso, al hacer la Declaración de la Renta, lo que hace el contribuyente es calcular la cantidad que realmente debe pagar a Hacienda en función de su renta y de sus circunstancias personales, lo que se denomina cuota líquida, y compararla con la cantidad que ya le han retenido a cuenta del IRPF:
  • Si la cuota líquida es mayor que las retenciones a cuenta, la declaración sale positiva y hay que ingresar la diferencia en Hacienda, ya que el contribuyente ha pagado a lo largo del año menos de lo que le correspondía.
  • Si la cuota líquida es menor que las retenciones a cuenta, la declaración sale negativa y Hacienda debe devolverle la diferencia al contribuyente, ya que este ha pagado más de lo que le correspondía a lo largo del año.

Vamos a ver cómo se calcula la cuota líquida. A lo largo de este repaso aparecerán muchos conceptos que os serán familiares, ya que figuran en los borradores de vuestras declaraciones:
  1. En primer lugar, hay que calcular la base imponible del impuesto. La base imponible es la magnitud que se utiliza para medir la capacidad económica del contribuyente. Si el hecho imponible del IRPF, la circunstancia que obliga a su pago, es la obtención de rentas por parte del contribuyente, la base imponible será la cuantía de esas rentas. Para obtenerla se suman todos los ingresos obtenidos por el contribuyente a lo largo del año y se le restan los gastos deducibles (son gastos necesarios para la obtención de los ingresos o a los que no se puede renunciar, siendo el ejemplo más importante las cotizaciones a la Seguridad Social). Como a efectos tributarios hay dos tipos de rentas, las rentas de carácter general y las rentas del ahorro, se calculan dos bases imponibles: la base imponible general y la base imponible del ahorro, a cada una de las cuales se le aplicarán distintos tipos impositivos, como vimos en la anterior gráfica. No obstante, por simplicidad en nuestra exposición nos referiremos a una única base imponible.
  2. A continuación, se obtiene la base liquidable restando a la base imponible las reducciones previstas en la ley. Como ya hemos dicho, las reducciones se aplican en función de las circunstancias que se quieran favorecer: por aportaciones a planes de pensiones, por estar al cargo de personas mayores de 65 años o discapacitadas, por cuotas y aportaciones a partidos políticos... Dos reducciones destacan especialmente, la que se concede por tributación conjunta (matrimonios) y el mínimo exento, una cantidad que se considera necesaria para poder vivir dignamente y por la que, por tanto, no se debe tributar. Hay un tope para las reducciones a aplicar, ya que la base liquidable no puede salir negativa.
  3. Se calcula la cuota íntegra aplicando a la base liquidable un porcentaje que variará según la tarifa progresiva del impuesto. Por ejemplo, teniendo en cuenta los tramos y tipos de la gráfica anterior, si la base liquidable de un contribuyente es de 25.000 €, esta cantidad tendría que dividirse entre los distintos tramos fijados en el impuesto (12.450 + 7.750 + 4.800), a cada uno de los cuales se le aplicaría su correspondiente tipo impositivo, de modo que la cuota íntegra sería (0'19 X 12.450) + (0'24 X 7.750) + (0'3 X 4.800) = 5.665'50 €. Dicha cantidad supondría un tipo efectivo del 22'66%. En España, estos porcentajes se reparten entre la Haciendas estatal y las autonómicas, correspondiendo aproximadamente un reparto del 65% para el Estado y del 35% para las comunidades autónomas.
  4. Finalmente, se obtiene la cuota líquida restando a la cuota íntegra las deducciones previstas en la ley (por si no la encontráis, en el borrador de la declaración la cuota líquida se denomina cuota resultante de la autoliquidación). Como en el caso de las reducciones, las deducciones se aplican para incentivar determinadas actividades, premiar ciertas situaciones o ayudar a colectivos concretos. En el caso del IRPF, las más habituales son las deducciones por compra o alquiler de vivienda habitual, donativos a entidades sin ánimo de lucro (como sindicatos, ONG o fundaciones), mecenazgo, deducciones para madres trabajadoras, por aportaciones a planes de pensiones, por invertir en empresas de nueva creación, etc. Las comunidades autónomas también pueden fijar sus propias deducciones (en este sentido, destacan las deducciones fijadas por la Comunidad de Madrid para favorecer la educación privada y concertada en detrimento de la pública). Una deducción muy célebre fueron los 400 € de José Luis Rodríguez Zapatero que seguramente recordaréis. Como ocurría con la base liquidable, la cuota líquida no puede ser negativa, por lo que hay un tope a las deducciones a aplicar.
  5. La diferencia entre la cuota líquida y las retenciones a cuenta pagadas a lo largo del año es la cuota diferencial. Si la cuota diferencial es positiva, significa que al contribuyente se le ha retenido menos de lo que le correspondía en función de sus circunstancias personales y tendrá que pagar esa diferencia a la Agencia Tributaria. Si la cuota diferencial es negativa, significa que al contribuyente le han retenido más de lo que le correspondía y el Estado le debe devolver la diferencia (sí, la Declaración le ha salido "a devolver").

Resumamos este proceso en un gráfico para poder observarlo mejor:
A partir de ahora, cada vez que tengáis que hacer la Declaración de la Renta no podréis alegar que no la entendéis.
Venga, en serio, ¿a que ya estáis deseando hacer la Declaración del año que viene?